Dos casos en los cuales nuevas manos cultivan los huertos de conventos capuchinos, en este post hablamos del caso del convento capuchino de Estella en Navarra donde jóvenes de la localidad toman las riendas del cultivo de una forma respetuosa con el medio, y el del convento de El Pardo en Madrid donde jóvenes en riesgo de exclusión social trabajan también la tierra ofreciendo productos de calidad.

El adiós anunciado en mayo es una realidad y los capuchinos han dejado su convento de Nuestra Señora Rocamador de Estella (Navarra),
donde permanecía en los últimos tiempos una pequeña comunidad de tres
religiosos. Se han ido pero no han cerrado unas puertas que
permanecerán abiertas a la ciudad con proyectos distintos. Nuevas manos
cultivan las huertas junto a las edificaciones adosadas a la
ermita-iglesia que abastecieron durante décadas la congregación. Las de
los jóvenes de Estella y su entorno con los que han
alcanzado un acuerdo de gestión cuyos frutos se ven ya estos días con
los primeros productos de la temporada.

Constituidos en cooperativa, pueden explotar las
tierras -y poner en marcha así una iniciativa de autoempleo- sin pagar
nada por ello. A cambio sí hay un compromiso con sus propietarios, el de
mantener en buenas condiciones todo el exterior, una amplia superficie
de casi 3.000 m2 de huertas a las que se suman los jardines. Se trata
-explica Erik Ruiz Luzuriaga, parte de este grupo- de un lugar emblemático para Estella que seguirá así estando cuidado.
Le acompañan en el proyecto Borja Etxeberria Fernández de Gaceo, Gorka Igual Peña y Jon Goikoetxea de Toro. Los cuatro integran Uztaldi,
perteneciente a la cooperativa Denendako, que abarca diferentes frentes
de actuación en la zona. Entre los 20 y los 26 años, han apostado por
crear su propio puesto de trabajo. En ello están, tras coger las riendas
de un espacio cultivado en su día pero sin explotar, salvo una pequeña
parte, en los últimos tiempos. “Veíamos la situación laboral y nuestra
filosofía es trabajar en lo que nos gusta. Pensamos que podremos
sobrevivir con esto dignamente”, añade.
Su idea encontró en los capuchinos el interlocutor necesario porque
vieron en ella el fin social que no querían perder tras dejar atrás su
convento. La huerta se queda en otras manos mientras que el edificio
conventual se transforma ya en un albergue turístico de 56 plazas mediante la iniciativa de un particular con el que los religiosos han llegado también a otro acuerdo.
Tierras de cultivo y convento permanecerán, por tanto, en servicio. ¿Qué
ocurre con la iglesia? Los capuchinos se han marchado y con ellos el
culto diario, aunque la idea es mantener en el futuro algún tipo de
presencia. Que no acabe por completo, aunque de forma puntual, el
servicio espiritual a la ciudad a la que llegaron en el año 1901.
Los cuatro jóvenes trabajan de momento 2.000 m2 de las huertas, que ya
están en producción. Les quedan otras dos de menor tamaño, con otros 800
para poner en marcha en los próximos meses. “Queremos fomentar un desarrollo sostenible
con una oferta fresca de temporada y ecológica desde el punto de
partida, un ciclo total que empieza desde la semilla. También
autóctonos y para ello cooperamos con la red de semillas de Tierra
Estella”, explica Erik Ruiz entre las tierras a las que acuden cada día y
en la que han instalado un sistema de riego por goteo.
Les felicitamos por esta iniciativa y deseamos mucho éxito en su trabajo.
http://www.hermanoscapuchinos.org/actualidad/58/los-capuchinos-ceden-su-huerta-de-rocamador-a-jovenes-de-estella
http://www.diariodenavarra.es/noticias/navarra/tierra_estella_valdizarbe/2014/07/19/los_capuchinos_ceden_las_huertas_convento_jovenes_estella_168094_1006.html
Un grupo de jóvenes estelleses ha creado una cooperativa
agroecológica,
Uztaldi, para la venta y distribución directa de los
productos hortícolas ecológicos que ellos mismos producen, desde hace
algunas semanas, en las emblemáticas huertas del Convento de Capuchinos,
en la calle Carlos VII. La orden religiosa, que ya no está presente en
la ciudad del Ega aunque tiene la intención de celebrar misas de forma
puntual, ha cedido a estos jóvenes sus huertas (unos 2.500 metros
cuadrados) a cambio del mantenimiento exterior de la zona y atraída
sobre todo por “el proyecto social” que han emprendido, explican desde
Uztaldi.
Erik Ruiz, Borja Etxeberria, Gorka Igual y Ion Goikoetxea,
responsables de la iniciativa, han adecentado la zona después de varias
semanas de trabajo e, incluso, ya han empezado a vender sus primeros
productos a clientes que se acercan hasta allí o pequeñas empresas.
“Acabamos de empezar, pero ya estamos sirviendo a cuatro o cinco bares, y
a otros tantos establecimientos”, comenta Ruiz. Además, cada quince
días preparan cestas variadas, con los productos de la temporada, para
vender.
“Son todo productos ecológicos y autóctonos, lo que comían nuestros
abuelos, y para ellos colaboramos con la Red de Semillas de Tierra
Estella. Ahora mismo tenemos acelgas, pepinos, borrajas, lechugas,
guindillas, alubia verde o calabacines”, apuntan. “Y, encima, tenemos la
suerte de, en estos tiempos tan difíciles, poder trabajar haciendo lo
que nos gusta y en un lugar emblemático, como es este de Capuchinos”.
Estas cestas tienen un precio de 12 euros las medianas (para 1 ó 2
personas) y de 20 las grandes (para 3 ó 4 personas) y, de momento, ya
tienen unas 25 familias apuntadas. “Dependiendo de la época del año,
como es lógico, iremos cambiando los productos de las cestas”.
Uztaldi forma parte de la cooperativa de red integral de servicios
Denendako, que se ha creado en la Vieja Lizarra y, además de apostar por
los productos ecológicos y por un “desarrollo sostenible y una
responsabilidad con el entorno”, se ha decantado por la venta directa,
sin intermediarios. “La idea es incentivar los canales cortos de
comercialización, fomentando también las relaciones cercanas y de
confianza para construir un mercado más humano. Cualquier cliente puede
venir aquí, mirar lo que hay, elegir lo que se quiere llevar...”, dicen.
“Además, apostamos por desarrollarnos y vivir aquí, en nuestra ciudad,
cuando mucha gente se tiene que ir fuera”.
De momento, la venta directa en las propias huertas, en el número 5
de la calle Carlos VII, se realiza por las mañanas. También se puede
contactar con Uztaldi a través de las redes sociales (
www.facebook.com/uztaldilizarra), correo (
uztaldi@denendako.com) y el teléfono 628718916.
Paralelamente a
esta iniciativa, otros promotores están habilitando el convento anexo
para convertirlo en un albergue de peregrinos con capacidad para entre
50 y 60 personas. De hecho, el Camino de Santiago pasa prácticamente por
la puerta de las instalaciones de los Capuchinos. Las obras se espera
que estén listas para finales de verano o principios del otoño.
Este proyecto nace de la necesidad de lograr un empleo en condiciones
dignas para los jóvenes que acompañamos desde las asociaciones
implicadas en el mismo unida al deseo de recuperar la huerta por parte
de la fraternidad capuchina del Convento del Pardo.
Tanto la gente de AFAS como de APOYO decidimos hace tiempo entrelazar
nuestras vidas con las de otros y otras que por diversas razones se
encontraban solos, en situación de pobreza y buscando oportunidades para
remontar el vuelo.
Las razones que les habían llevado a la pobreza, diversas como la vida,
algunos por la mala suerte de nacer al otro lado de la frontera, otros
por decisiones equivocadas en un momento de su vida que les hizo perder
el control de la misma otros por sentirse solos, por no encontrar un
hueco en su familia tuvieron que crecer más rápido…
Nuestra apuesta es acogerles con lo que somos, nosotros y nuestra
familia, con sencillez apostar por vivir juntos, superando dificultades,
compartiendo alegrías, preocupándonos unos de los otros…
Ante la necesidad de trabajar y la realidad del mercado laboral, donde
estos chicos y chicas debido a su baja cualificación y su falta de
experiencia, solo acceden a trabajos muy precarios, decidimos poner en
marcha la huerta hermana Tierra.
La familia de la Huerta.
Creando nuevos lazos entre nosotros al compartir la ilusión y
responsabilidad de esta iniciativa, sabiendo que cada uno de nosotros
debe poner lo mejor de si y trabajar de forma grupal para lograr que
esta iniciativa se transforme en lo que juntos y juntas hemos soñado.
Logrando cinco empleos dignos cuando el proyecto este completamente
implementado, a día de hoy se concreta en dos contratos de formación y
aprendizaje indefinidos con un salario de 900 euros al mes.
Recuperando la huerta del Convento del Pardo, baldía en estos últimos
años, recogiendo saberes tradicionales de una antigua sociedad agraria,
combinados con avances tecnológicos. Fomento de posibilidades de empleo
para personas en situación de pobreza.
Las familias del grupo de consumo
Al consumir de forma responsable, social y ecológica logran:
Consumir responsable; sabiendo que los trabajadores cuentan con unas
condiciones laborales dignas y que en el momento que existan beneficios
estos se invertirán en el propio desarrollo del proyecto, logrando un
mayor impacto social del mismo.
Consumir social; sabiendo que este proyecto busca la promoción social de personas empobrecidas en nuestra sociedad.
Consumir ecológico, sabiendo que todo el proceso agrícola se realiza de
forma ecológica con el máximo respeto tanto a la Tierra como a nosotros
consumidores, con un impacto favorable en nuestra salud al consumir
verdura y fruta saludables, fresca y de calidad.
Participando en actividades de familiares de sensibilización ecológica
así como tareas elementales de la agricultura. Transmisión a las
familias de los saberes de la tierra.
La Tierra.
Por el uso racional del terreno y la energía y el fomento de
productos obtenidos con un modelo de agricultura respetuoso con un
desarrollo sostenible. Recuperación para la producción agro-ecológica
del terreno de la Huerta del Pardo. Superficie aproximada de 2,5
hectáreas.
La sociedad.
Con esta iniciativa se fortalece la arquitectura social tan necesaria
en la articulación de una ciudadanía participativa, por un lado en la
unión de las cuatro entidades promotoras del proyecto, AFAS, APOYO,
Fraternidad Capuchina del Pardo y SERCADE.
Por otro lado con la participación de las familias en el grupo de
consumo, apostando por un consumo consciente y vertebrador de la
sociedad, que ofrece oportunidades en condiciones de igualdad a personas
dispuestas a salir adelante.
Y el fortalecimiento del mercado local con lo bueno que el mismo ofrece
de cara a la relación entre las personas de una misma comunidad.
http://huertohermanatierra.org/el-proyecto/

Esta fórmula de gestión pretende que inmigrantes de escasos recursos
puedan materializar sus ilusiones desde el trabajo, la venta de
productos ecológicos y el auto abastecimiento.
En las
obras sociales de SERCADE (SERvicio CApuchino para el DEsarrollo)
hay un punto de discusión muy habitual respecto a cómo lograr poner el
apellido “franciscano” a nuestras acciones. ¿Cómo dotamos de una
identidad propia a nuestros proyectos para no convertirnos en meros
servidores sociales?
Sin esa reflexión podemos terminar supliendo la obligación del estado
en dar respuesta a la pobreza y entendemos que ese no es el objetivo de
una organización como la nuestra, sino más bien, nuestro objetivo
reside en dar una respuesta particular y con un cierto significado a las
“minorías sociales” que han quedado marginadas en el entorno de
nuestras presencias.
El proyecto del -
Huerto Hermana Tierra- nos acerca
un poco más a ese significado. En él confluyen varias realidades o
necesidades: la primera, la de dar una funcionalidad social a los
espacios en desuso de cada fraternidad; la segunda, integrar en un
ejercicio conjunto a las asociaciones y grupos que en torno a Capuchinos
desarrollan su labor social; y la tercera y más importante, dar una
respuesta creativa y eficaz a los colectivos más desfavorecidos,
aquellos que caminan por el filo de la exclusión.
Aliou y Suleymane cruzaron hace unos años el
Estrecho en una de esas barcas abarrotadas de sueños que cruzan hasta
esta nuestra orilla en busca de una respuesta a la miseria que les tocó
soportar en Guinea Conakry. Pasaron por algunos dispositivos de tutela y
ahora, en su camino hacia la integración son los primeros beneficiarios
del proyecto
Huerto Hermana Tierra.
El convento de El Pardo, tras el cierre del seminario que funcionó en
sus instalaciones, dejó en desuso la huerta de dos hectáreas que dio de
comer a alumnos y frailes. Ahora, la fraternidad capuchina, la
Asociación Franciscana de Apoyo Social, la Asociación APOYO y SERCADE,
están trabajando conjuntamente para recuperar su uso para el cultivo de
verduras ecológicas. La propuesta es que jóvenes en riesgo de exclusión
como Aliou y Suleymane trabajen la tierra y comercialicen los productos
entre consumidores locales.
El proyecto comenzó su andadura en junio y a fecha de hoy
ya son 120 familias las que reciben su lote de productos ecológicos
cultivados y recogidos por estos jóvenes y por un grupo de voluntarios
que acompañan cada martes los frenéticos días de reparto. Son más de las
que esperábamos para estas fechas, pero menos de los que necesitaremos
en los próximos meses.
De momento ya es gratificante el simple hecho de acercarse a ese
terreno en el que antes solamente pastaban unas pocas ovejas y ver como
unas inmensas coles rosadas o unas escarolas excesivamente verdes crecen
y dan color al paisaje del Monte del Pardo. Cuando estos días pasados
veíamos esa imagen tan oportuna del campo de golf junto a la valla de
Melilla abarrotada de personas, entendíamos como el uso de la tierra
puede escenificar las respuestas que como sociedad damos a los retos de
este mundo. Y mientras algunos prefieren dar respuesta construyendo
alambradas más altas que nos distancian de la solidaridad, otros hemos
preferido optar por construir un pozo de agua que ahora hace florecer
gracias al esfuerzo de dos jóvenes africanos otro campo que no es de
golf, pero en el que nos jugamos la partida de la exclusión.
Estamos todavía en una primera fase y los errores y la incertidumbre
son parte de los ingredientes de esas cestas que distribuimos en varios
puntos de la capital. Nos gustaría completar el cultivo y abarcar las
dos hectáreas, llegando a ser autosuficientes e incluso ampliando el
proyecto a otros lugares. De momento toca ver crecer estas primeras
semillas, y pronto cultivar los productos de verano. Ojalá, además de
construir murallas encontremos otras maneras de responder a los ojos de
la pobreza, que no espera, que es real y que busca de nuestra
solidaridad una respuesta a sus llamadas.
Texto: Xavier Parra para la revista Capuchinos Editorial.
Más información sobre el proyecto en la web:
www.huertohermanatierra.org
http://www.sercade.org/actualidad/15/sercade-apoya-un-proyecto-de-inmigrantes-para-cultivar-tierras