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21 mar 2016

"El milagro de los peces" Acuaponía en las 3.000 de Sevilla.


“Me da pena comer los peces que criamos. Les cojo cariño”, dice simpática Soledad Nieto, de 67 años. Habla en el porche de su piso habilitado con uralita y unas vallas. Ahí ha instalado un espacio en el que se genera vida. Hay tres depósitos de 1.000 litros de agua en los que cría tilapias, y sobre ellos, a un metro y medio de altura, crecen tomates, pepinos, calabacines, acelgas, puerros… Acaricia con los brazos levantados las hojas de sus plantas desde el barrio sevillano del Polígono Sur, marcado históricamente por la exclusión social y el narcotráfico. En su parcela se desarrolla un método ancestral pero con desarrollo innovador llamado acuaponía, un sistema integrado de criadero de peces y cultivo de frutas y verduras. 
Es un circuito cerrado de agua. El agua de los peces sube con una bomba a los huertos para nutrir los cultivos y se deposita en las raíces. Allí, las bacterias transforman los desechos de los peces en sales para las plantas y además limpian el agua. Mediante un sifón, el líquido renovado vuelve a los peces, de forma que simula el ciclo de un río, y no hace falta regar durante varios años. En 2014, cuando Nieto accedió a poner el sistema acuapónico en su casa, generó 21 kilos de pescado y 60 de hortalizas y frutas.
La iniciativa que acoge en su piso junto a su hijo desempleado es una línea de investigación innovadora en Europa. “No hay ningún proyecto parecido que utilice con carácter social este sistema, que ya de por sí es bastante único. Es muy original. Solo lo desarrollan algunas personas de forma individual y empresas muy contadas”, asegura Morris Villaroel, ingeniero y coordinador delproyecto acuapónico europeo de Cooperación en Ciencia y Tecnología COST.
La acuaponía, que ha sido utilizada en la Historia por aztecas y chinos, ha llegado hasta las calles de las Tres Mil Viviendas por la voluntad del técnico delComisionado para el Polígono Sur, José Lobillo, que alentó a un grupo de investigadores de la Universidad de Sevilla a que estudiaran este sistema. “Su implantación tiene cuatro objetivos clave: producir comida, generar autoempleo, utilizar el método como recurso educativo en la zona y enseñar a cuidar el medio ambiente”, resume José Lobillo. El profesor de Ciencias Agroforestales de la Universidad de Sevilla, Víctor Fernández, lo corrobora: “los vecinos obtienen un producto de calidad, fresco, sin pesticidas, conseguido con esfuerzo y dignidad y sin esquilmar el medio natural”. 
La puesta en marcha de este sistema ha unido las sinergias del comisionado con la universidad y también con la asociación ecologista del barrio Verdes del Sur, que se ha prestado a colaborar con Nieto para desarrollarlo en el ámbito doméstico. El próximo objetivo de las tres fuerzas es mucho más amplio: que sean 200 familias las que puedan disponer de instalaciones acuapónicas en el barrio. Han nombrado al proyecto El milagro de los peces y para conseguirlo abrieron una campaña de micro mecenazco con la que consiguieron 6.614 euros de los 11.000 que solicitan. Los miembros de la asociación ya han comenzado a tramitar los permisos necesarios y para el próximo otoño esperan empezar a disfrutar de los nuevos sistemas acuapónicos. “Si se implanta de forma más amplia en el barrio se puede crear empleo en instalación, asesoría, formación, cultivos, mantenimiento del sistema..., además de las ventajas que da generar tu propios alimentos y concienciar del cuidado del medio ambiente”, apunta Juan Manuel Blanco, portavoz de la asociación Verdes del Sur, muy concienciado por desarrollar el barrio. 
“Si los huertos fueran más grandes podríamos dar comida a más criaturitas del barrio que lo necesitan, que se acercan a los contenedores de basura a buscarla o van al banco de alimentos”, dice Nieto, que reparte su producción entre los vecinos. “Con este sistema controlas lo que comes y no se utiliza ningún tratamiento químico, por lo tanto es más natural”, apunta Lobillo, que para la puesta en marcha de El milagro de los peces espera que la energía que mueva las nuevas instalaciones sea renovable, por lo que el único gasto externo sería el de la alimentación de los animales. El profesor Fernández apunta también a posibles mejoras del sistema en el futuro, fundamentalmente orientadas a extraer la energía del sol o de la geotermia. “Los peces que hemos seleccionado son de clima tropical y en Sevilla los inviernos son fríos, por lo que sería interesante utilizar la temperatura estable de suelo para mantener bien a los peces y la energía del sol para la electricidad de las bombas y los sifones”, ejemplifica el profesor.
A la asociación Verdes del Sur le avala la implantación de huertos urbanos en centros educativos del barrio, tanto para educar a los menores como para alimentar a las familias. En el colegio Manuel Altolaguirre, los niños de hasta 10 años cuidan los cultivos en la hora del recreo asesorados por dos miembros de Verdes del Sur y en un solar del centro Romero Murube, Dolores Soto cultiva lechugas, sandías, calabacines y cebollino junto a dos de sus tres hijos. “Es muy bonito ver crecer las plantas, además, nos viene muy bien este huerto porque comemos alimentos ecológicos y ahorramos en la compra”, dice Soto mientras riega la cosecha. 
La asociación esperaba también que el Ayuntamiento de Sevilla le cediese 15.000 metros cuadrados del nuevoParque del Guadaíra, pero el Consistorio no hizo entrega de los terrenos en la pasada legislatura, gobernada por el Partido Popular. “Esa tierra abastecería de comida a 130 familias, además del apoyo de las instalaciones acuapónicas que también irían en la zona de huertos”, aclara Blanco. La profesora de Agricultura Ecológica de la Universidad de Sevilla Itziar Aguirre, que ha ofrecido cursos de formación a los vecinos del Polígono Sur, reclama también los terrenos. "Hablamos de un barrio con hambre. Los cursos, el abono y las plantas que habíamos preparado de cultivos ecológicos estaban listas para tener esos terrenos desde 2013, pero no los entregaron. Ahora, con el cambio de gobierno, vamos a vivir un momento clave. Esperemos que definitivamente puedan instalarse los cultivos allí", dice esperanzada.
Mientras, en centro Romero Murube, la vecina Mercedes Silva, de 70 años y con 16 nietos, dice que el huerto le da vida. “Con 13 años ya empecé a recoger trigo y cebada con hoces, me gusta estar cerca de la naturaleza, así te quitas las penas, incluso el médico me ha dicho que esto me viene muy bien”, añade. “El Polígono Sur necesita todo este tipo de actividades, que cambien la concepción del barrio y que empodere a sus vecinos”, concluye Lobillo. “Es una satisfacción y un entretenimiento muy interesante cuidar del sistema acuapónico. Espero que consigamos hacerlo más grande para que puedan disfrutarlo más personas”, dice Nieto. Con esta iniciativa se traspasa la metáfora de dar la caña de pescar a los que más lo necesitan. Directamente los alimentos se multiplican en el Polígono Sur de Sevilla.
http://elpais.com/elpais/2015/07/01/planeta_futuro/1435761050_467308.html
http://huertosverdesdelsur.blogspot.com.es/p/el-milagro-de-los-peces.html
https://goteo.org/project/el-milagro-de-los-peces

13 ago 2015

Las verdaderas marismas de "La isla mínima"

 Un grupo de jornaleros termina su labor, quitar malas yerbas, en un campo de arroz cerca de Isla Mayor, en las marismas del Guadalquivir donde se rodó la película Isla Mínima. La cosecha del arroz tiene lugar en septiembre.
 El último puente del Guadalquivir está en Sevilla pero unos kilómetros al sur, en Coria del Río, se puede cruzar en esta barcaza. En la película se utiliza una barca similar, aunque para la película tuvo que viajar río abajo ya que en la ficción el cruce tiene lugar cerca de Isla Mayor.
 A la salida de Isla Mayor, los arroceros se reúnen en una taberna a media mañana. En su libro de los años sesenta Por el río abajo, Alfonso Grosso y Armando López Linares describen lugares similares.
 El verde de los campos de arroz marca todo el paisaje de las marismas del Guadalquivir, 30 kilómetros al sur de Sevilla.
Isla Minima, en medio de las marismas, es un cortijo en el que crían toros bravos y caballos y que también tiene un hotel. 

Los campos de arroz de las marismas del Guadalquivir se extienden hasta el horizonte. Forman una gigantesca mancha verde que sobrevuelan bandadas blancas de garzas y cigüeñas. Los deltas de los grandes ríos representan un espacio narrativo extraordinario, como si arrastrasen sus historias con los sedimentos. Hay algo en esos paisajes interminables en los que la tierra se mezcla con el agua, el horizonte con el cielo que los convierte en fascinantes: son lugares en los que la geografía, el paisaje, se impone a la ficción. Dos escritores del realismo social, el sevillano Alfonso Grosso (1928-1995) y el madrileño Armando López Salinas (1925-2014), que fue también dirigente del Partido Comunista en la clandestinidad, caminaron el delta del Guadalquivir en 1960 y publicaron seis años después en Francia el libro de viajes Por el río abajo, un crudo relato de la pobreza y la explotación en la España franquista. El fotógrafo sevillano Atín Aya, fallecido en 2007 a los 56 años, recorrió también las marismas en los noventa. Sus imágenes, recogidas en un libro de la colección Photobolsillo de La Fábrica, muestran en un implacable blanco y negro la belleza y la dureza de este territorio, que arranca apenas 30 kilómetros al sur de Sevilla. Inspirado por aquellos viajeros y por las imágenes de Aya, el realizador sevillano Alberto Rodríguez buscó ese espacio, el delta del Guadalquivir, para ambientar La isla mínima, una película que transcurre al principio de la Transición española y que esconde muchas cargas de profundidad sociales detrás de la estructura de un thriller. En las tres obras hay algo que se impone por encima de todo: los personajes, los habitantes de las marismas. 
Todavía no ha terminado la mañana y el termómetro roza los 40 grados. El olor que emana de la mezcla del agua, el sol y el arroz, un aroma almidonado, lo impregna todo. Apenas se ven trabajadores en los campos de arroz, que se cosechan en septiembre, justo cuando transcurre el filme, en el que dos policías investigan la desaparición de dos chicas, con una huelga de temporeros que se rebelan contra la explotación como telón de fondo. Es una tierra dura, robada al río para cultivar, de jornaleros y pescadores de cangrejos. “Es una tierra de arroz y paludismo. Los viajeros van en busca de los hombres que en ella trabajan”, escriben Grosso y López Salinas que relatan que, cuando hicieron el viaje, muchos temporeros dormían en chozas que se construían con paja y barro. 
Las cosas han cambiado mucho desde entonces, pero los jornales siguen siendo reducidos, la labor, dura, y el trabajo, escaso. Al menos, eso cuentan la mayoría de los habitantes del delta entrevistados durante una jornada de julio. Las fronteras de los pueblos las marcan las carreteras y los canales. Se trata de poblados de colonización, la mayoría construidos después de la Guerra Civil para albergar a los trabajadores. En el Poblado de Alfonso XIII, una pedanía de Isla Mayor, comienzan las fiestas del Carmen y muchos de sus habitantes se han reunido para comer en dos casetas situadas en la plaza principal del pueblo. Bajo la carpa, el bochorno es agobiante. En la calle, los niños se dan manguerazos. Todos han visto la película, todos conocen a alguien que aparece aunque sea unos segundos. “Lo que más me gusta es el dinero que ha traído al pueblo. Ahora nos conoce todo el mundo y vienen muchos turistas”, asegura una mujer joven. Un hombre muestra una moto Puig de los años ochenta, de la misma época en que transcurre el filme. “Mi abuelo iba con la puig a pescar cangrejos. Todo ilegal. Pero ya sabes: aquí nos tenemos que buscar la vida”. La inmensa mayoría son jornaleros, pescadores o las dos cosas. 
 Los campos de arroz de las marismas. En esta región se produce el 40% del arroz de España. Junto a la pesca, es prácticamente el único recurso.
 Los trabajadores del arroz en la lejanía.
 Un habitante del Poblado de Alfonso XIII --una pedanía de Isla Mayor-- posa con una moto de los años ochenta, el mismo periodo en el que transcurre el filme. Asegura que su abuelo la utilizaba para ir a pescar cangrejos.
 Un camión recorre los caminos polvorientos que surcan los campos de cultivo en el sur del Guadalquivir.
El Poblado de Alfonso XIII, como todos los pueblos de la zona, son poblados de colonización, construidos para albergar trabajadores del campo. El telón de fondo de la película son las movilizaciones de jornaleros para mejorar sus condiciones de trabajo. En la imagen, dos niños se dan un manguerazo durante las fiestas del pueblo.

La película está llena de detalles, de pinceladas que describen la vida cotidiana de aquellos años, marcada todavía por la supervivencia y la falta de recursos. Por ejemplo, cuando los dos policías, que simbolizan dos generaciones y dos Españas a las que no les queda más remedio que trabajar en colaboración, interrogan a una mujer que vio el coche al que se subieron las chicas antes de desaparecer —un Diane 6 que, como el 600, es uno de los vehículos populares que simbolizan el desarrollismo—. Antes de empezar a hablar muestra a los agentes las fotos de sus hijos: todos son emigrantes, en Francia, Alemania o Barcelona. Ninguno se ha quedado en el pueblo. En la caseta del Poblado de Alfonso XIII, Juan, de 61 años, rostro curtido, brazos tatuados, manos duras, relata que aparece en una escena en segundo plano. “No es exactamente igual. Es difícil contar lo que han pasado los antepasados”, asegura preguntado sobre cómo era la vida entonces. Ha tenido muchos oficios, ha vivido en muchos lugares de España en busca de trabajo. Y de su época de trabajador del arroz recuerda sobre todo los mosquitos. “Era exagerado”, explica. El paludismo ya ha desaparecido, pero en los sesenta era una presencia constante. 
En un campo situado junto a la carretera de Sevilla, una cuadrilla de cinco hombres acaba de terminar el trabajo matinal. Estaban limpiando malas yerbas. Pertenecen a diferentes generaciones. “Era más duro que lo cuenta la película. En aquellos tiempos no hacía falta llevar reloj, trabajábamos de sol a sol”, explica un hombre que luce un rosario blanco en el cuello. “Tengo 61 años y el pueblo que ven (Poblado de Alfonso XIII), 70”. “Mi abuela me dice: ‘No has visto lo que yo he pasado’ cuando me habla de aquellos años”, señala un joven. Todos trabajan en tierras ajenas. En el libro de Grosso y López Salinas —del que todavía puede encontrarse algún ejemplar de segunda mano— aparecen conversaciones muy parecidas, personajes que cuentan historias de pobreza similares. “Yo no tengo amor a la tierra. ¿Cómo voy a tenerle amor si no tengo ni cacho de ella? Los hijos se fueron a Barcelona y me vine aquí, a Puebla, a buscá el jorná”, les cuenta un hombre que se encuentran en un bar. Los escenarios también se repiten. Un bar instalado en un chamizo junto a un canal sirve de lugar de encuentro para los trabajadores del campo cuando el sol ya hace imposible estar fuera. Se reconoce a los arroceros porque llevan los pantalones remangados y la camisa húmeda. En el bar todos son hombres y, como dice un parroquiano, “todos somos gente del arroz”. Algunos cuentan que están desde las siete de la mañana en las marismas. Los veteranos, de nuevo, explican que los tiempos han cambiado mucho, que es difícil imaginar lo dura que era aquella tierra hace sólo 30 años. 
 Los arrozales están llenos de cigüeñas y de garzas.
 El barquero de Coria del Río fue el que enseñó a llevar el transbordador al personaje de Antonio de la Torre, el barquero en el filme y el padre de las dos niñas desaparecidas.
La cuadrilla ha terminado su trabajo en los arrozales. A mediodía hace demasiado calor.
El bar está situado justo en el linde de Isla Mayor que, con 11.000 habitantes, es la principal localidad de estas marismas del bajo Guadalquivir, que producen el 40% del arroz español. Allí es donde se alojan los dos policías, donde se celebra la feria de la cosecha en septiembre, donde los patrones van a buscar a los jornaleros y les amenazan con dejarles sin trabajo si siguen pidiendo más derechos. Desde allí se pueden seguir los caminos de tierra que circulan entre cultivos y canales, que forman líneas rectas que se pierden en el horizonte. Junto al cortijo de Isla Mínima, en la que se crían toros, se organizan tientas, cacerías o bodas y hasta tiene un hotel; un cartel señala la dirección que lleva a Sevilla. Incluso ahora la capital andaluza no puede parecer más lejana de esas marismas de paisajes e historias interminables. 
 

'Buenos tiempos para la intriga' por Andrea Aguilar 
Hace calor y la miseria transpira en las marismas del Guadalquivir donde Pedro y Juan llegan para investigar el crimen de unas adolescentes. El joven policía, más de acuerdo con el cambio democrático que va ordenándose en la España posfranquista, y el viejo veterano, con pocos escrúpulos, deben resolver este caso de tintes macabros. Entre silencios y miedos  se adentran en el cortijo de aguas estancadas. 
La sombra que ha pesado sobre el potente thriller de Alberto Rodríguez ha sido la de la serie de HBO True detective, que él ha insistido no llegó a ver antes del rodaje. Las apariencias, como todo investigador sabe, engañan, pero lo que sí parece quedar claro es que el género policiaco vive un excelente momento. Con este trabajo, la cuarta película del realizador andaluz, ha recibido dos premios en el Festival de San Sebastián y diez premios Goya en la última gala, en la que fue señalada como la mejor película del año.

Publicado en el suplemento de El País Babelia el 5 de Agosto de 2015:
"Las marismas de los campos del arroz" por Guillermo Altares.
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/07/30/babelia/1438265184_586252.html

Fotogalería del artículo con imágenes de Julián Rojas:
Las verdaderas marismas de "La isla mínima"
http://elpais.com/elpais/2015/07/17/album/1437150537_398287.html#1437150537_398287_1437154038

22 mar 2015

'Casa de las Artes' en Alanís (Sevilla)

El proyecto Casa de las Artes nace en Febrero de 2012 como necesidad de dar un uso creativo y constructivo a diferentes espacios.
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La casa de las Artes es una residencia artística gratuita que, por un lado ofrece un espacio de trabajo y creación en una ermita del S. XIV y alojamiento en un albergue con capacidad para 15 personas. Todo se ofrece de manera gratuita, a cambio de que la compañía o el grupo que venga se comprometa a realizar un taller, una muestra, un ensayo general... en la localidad de Alanís (Sevilla).
A raíz de este proyecto han surgido nuevos iniciativas  culturales en Alanís, como el Encuentro Intercultural "Alanisarte" que se celebra a finales de Junio o la extensión de Circada, el Festival de Circo de Sevilla. 
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​​Un pueblo de menos de 2000 habitantes que se está convirtiendo en todo un referente cultural a nivel provincial y comarcal.





Castillo de Alanís
Edificio del S. XIV, patio de armas.


El castillo es, sin duda alguna, el símbolo de Alanís, desde pequeño todos los vecinos/as han jugado en su patio de armas, se han subido a su torreón y han soñado con ser reyes y reinas del lugar.
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Es un espacio singular donde poder trabajar, ofrece muchas posibilidades artísticas, tiene muy buena acústica y unas vistas preciosas del pueblo. Se puede acceder a sus murallas y al torreón.

Fue testigo mudo de las luchas entre el Marqués de Cádiz y el Duque de Medina Sidonia, en la actualidad es utilizado para celebrar el espectáculo de las Jornadas Medievales y el Festival Alanisarte.

Ermita de San Juan
Edificio del s.XIV, situada en las faldas del Castillo. 
Adaptada en la actualidad como espacio escénico.

Situada en el Mirador de los Suspiros, en un enclave mágico , rodeada de naturaleza y tranquilidad. El edificio fue restaurado en el año 2001, siendo la primera parroquia que tuvo el pueblo. Tiene un escenario de piedra de 9 x 5 metros y  una altura de 7,5m. El patio de butacas está dotado de suelo para danza, una superficie de 11 x 10m.  Tiene una capacidad de 140 butacas. 
Es el lugar ideal donde poder crear, un espacio mágico en el Mirador de los Suspiros con unas vistas inigualables de toda la Sierra Morena de Sevilla y del pueblo de Alanís.


Alanís se encuentra ubicada en pleno corazón del Parque natural de la Sierra Norte de Sevilla, pueblo afable que cuenta con un valioso patrimonio histórico-artístico, además de una naturaleza salvaje que hará las delicias de todo aquel que la visita.
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El pueblo más alto de la provincia de Sevilla ofrece unas vistas inigualables de toda la sierra y además cuenta con una gran variedad en bares con una carta amplia en platos típicos de la sierra (calderetas, menudo, productos del cerdo ibérico…).
A unos 90 kilómetros de la provincia de Sevilla se encuentra este pequeño pueblo que, sin duda, hará que aquel que lo visita, vuelva.

Alanís cuenta con un patrimonio histórico-artístico muy importante. Destaca el retablo gótico de la Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, del primer tercio del s.XVI y que es declarado Monumento histórico artístico.
El Castillo y la ermita de San Juan, edificios ambos del S. XIV,  la fuente de Santa María, la ermita de Nuestra Señora de las Angustias, patrona de Alanís y la ermita de Nuestro Padre Jesús Nazareno.
Como arquitectura popular destacan las cruces  de cada barrio y un conjunto de casas encaladas y enclaves únicos como el Paraje Natural de San Pedro, la Alameda del Parral, la Cueva o el Mirador del Aire.
En cuanto a las Fiestas destacan las Jornadas Medievales que se celebran el primer fin de semana de Septiembre, la Feria en la Segunda semana de Agosto o el Encuentro Intercultural Alanisarte el último fin de semana de Junio. 

https://es-es.facebook.com/pages/Casa-de-las-Artes-residencia-art%C3%ADstica/503874602994697 
http://alaniscasadelasartes.wix.com/casadelasartes

30 mar 2014

Exposición "Jerome Mintz. Un andaluz de Indiana" en Sevilla

La muestra pone de manifiesto el valor fotográfico del antropólogo estadounidense Jerome Mintz en la cultura andaluza. Se puede visitar en el Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla hasta el 30 de abril. 

En 1965 Jerome Mintz (Nueva York, 1930 – Indiana, 1997) recaló en Benalup de Sidonia (Cádiz), la antigua Casas Viejas, donde realizó durante años un prolongado trabajo de campo como antropólogo pero con una obra fotográfica desconocida. Un documento indispensable para conocer la cotidinaidad de los hombres y mujeres andaluzas de las décadas de los sesenta, setenta y ochenta.
Mintz llegó atraido por el exotismo y tipismo andaluz, convirtiéndose en un estudioso y gran conocedor de la realidad social de Andalucía a través de la gente sencilla, la gente del campo, que hasta ese momento no había tenido cabida en fuentes históricas oficiales.
Convivió durante más de dos décadas con los protagonistas de sus investigaciones, sintiéndose cercano y viviendo de primera mano el día a día de la vida rural andaluza. Durante ese tiempo Mintz estuvo documentando a través de fotografías y vídeos su entorno que ahora se revela como un documento inédito e indispensable para descubrir detalles de una época pasada.
El gran valor de su trabajo fotográfico reside en su mirada antropológica, pero contaba con el suficiente talante artístico para convertir sus fotografías en un gran trabajo que ahora se muestra en el Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla. La muestra se inauguró el pasado 4 de marzo y se puede visitar hasta el próximo 30 de abril.
Extraído de: http://apiedecallesevilla.es/exposicion-de-jerome-mintz-un-andaluz-de-indiana/




 La muestra pone en valor la obra de Jerome Mintz (Nueva York 1930 - Indiana 1997), conscientes de la singularidad y valía que la producción de este antropólogo tiene para el conocimiento de aspectos relevantes de la cultura andaluza. Se pone el acento en el carácter inédito y casi desconocido de la obra filmográfica y fotográfica de Jerome Mintz, entendiéndola como uno de los documentos indispensables para conocer la cotidianeidad de los hombres y mujeres andaluzas de los años sesenta, setenta y ochenta.
Jerome Mintz estuvo en Benalup-Casas Viejas (Cádiz), desde 1965 hasta 1987 realizando un prolongado trabajo de campo. Esta convivencia durante más de veinte años con los protagonistas de sus investigaciones es clave para entender la cantidad y calidad de la obra andaluza de Jerome Mintz.
 http://www.juntadeandalucia.es/cultura/andaluciatucultura/evento/jerome-mintz-un-andaluz-de-indiana
Cartel de una exposición de 2013 en Benalup-Casas Viejas.

3 sept 2013

Entrevista con Esperanza Saavedra, teniente de alcalde y concejal de cultura de Marinaleda (Sevilla).

 Marinaleda 
En el Ayuntamiento de Marinaleda nos recibe, acompañada por su hijo, Esperanza Saavedra, la  teniente alcalde del pueblo y concejala de cultura. Nació el mismo año en que nació el proyecto social de Marinaleda (1979) y después de crecer junto con él no se imagina viviendo en otro sitio.
Para ella siendo niña las ocupaciones de las tierras eran como irse de camping, y las luchas por la tierra para el pueblo las vivió con plena normalidad. Ya en el instituto de Osuna se dio cuenta que no vivía en un lugar normal cuando una compañera le dijo que su padre le había avisado que las personas de Marinaleda no eran buenas porque roban los cortijos. Esto fue después de la ocupación del cortijo de El Humoso. "Fue un poco traumático. No volvimos a hablarnos esa niña y yo", afirma Esperanza. "Teníamos un cortijo que lo habíamos luchado, que no se lo habíamos robado a ningún hombre. Yo ahora sé ponerle nombre a aquello de lo que me hablaba mi padre. Eso es socialismo."

Dentro de 50 años quiere ver una Marinaleda que sea la continuidad de lo que es hoy. "Que esta forma de hacer política diferente, al lado de los que menos tienen, sea lo que prime". El proyecto, afirma Esperanza, tiene futuro, ya que todo el mundo tiene cabida y se encuentra trabajando mucha gente joven. "En Marinaleda hay gente suficiente, y suficientemente capacitada para continuar con el proyecto de Marinaleda y con el legado de la historia, que no es sólo el legado de una persona, sino el legado de un pueblo."

Cree en la necesidad de crear estructuras económicas anticapitalistas o estructuras económicas propias de la clase obrera por autofinanciación. "Algo habrá que construir, si no podemos destruir el capitalismo, alguna alternativa tenemos que tener", afirma Esperanza. "Es fundamental tener poder político para transformar y tener poder económico para poder hacer cosas diferentes".

Durante nuestra espera antes de hablar con ella se acercaron tres personas al mostrador del Ayuntamiento para presentar o arreglar papeles de empadronamiento. Por lo que le preguntamos cómo una persona puede formar parte de la vida de Marinaleda. "Venir a vivir a Marinaleda es tan fácil o tan difícil como irte a vivir a cualquier otro sitio", responde Esperanza. "En Marinaleda, un handicap muy importante que hay es encontrar vivienda para vivir, porque aquí no hay especulación con la vivienda, con lo cual, es muy difícil, no es imposible, pero es muy difícil encontrar una vivienda para alquilar."

Según ella nos dice, muchos de los nuevos habitantes del pueblo son hij@s o niet@s de inmigrantes, de los cuales, algunos todavía tienen casas en el pueblo. Reconoce que incorporarse al proceso social de Marinaleda es fácil porque las asambleas son generales y todos los asistentes tienen voz y voto. "Cuando se reparte trabajo se reparte para todas las personas que viven en Marinaleda, sin límite de empadronamiento". 

Como la economía local está muy basada en el sector primario los factores ambientales inciden notablemente en la tasa de paro local. Un ejemplo es que el año pasado de los tres millones de kilos de alcachofa que se estimaban recolectar sólo pudieron recoger el 25%. "Fue un desastre", se lamenta Esperanza, ya que cuando podría haber habido tres meses de trabajo continuado en fábrica y en campo, no llegó ni a 40 días.

Durante el año, hay una media de 10 u 11 meses de trabajo, ya que se encadenan unas temporadas con otras. Además, se trata de buscar cultivos sociales, es decir, aquéllos que den mucha mano de obra, priorizando esto al mero autoabastecimiento.

El hecho de que l@s jóvenes vean un trabajo más o menos seguro en la cooperativa podría hacer que renegaran de continuar formándose en estudios superiores, sin embargo, Esperanza afirma que se ha vivido una revolución social y económica desde la creación de las cooperativas locales, de manera que el poder adquisitivo de las famílias es mucho mejor que el de hace 25 o 30 años, y además permite tener una estabilidad económica que, unida a las ayudas públicas permiten a l@s jóvenes que lo deseen seguir con estudios superiores. 

Le preguntamos también por el alcalde, y lo que opinaban sus vecin@s sobre Juan Manuel Sánchez Gordillo. "Nueve veces reelegido alcalde por mayoría absoluta dice mucho, habla por sí solo. Es una persona que lo ha dado todo sin ningún tipo de interés personal", y respecto a la baja calificación de los políticos por parte de la gente, dice que "si hubiese muchos Juan Manueles, en estos momentos no estaríamos con la calificación de los políticos que se tiene".

Sin embargo, a Juan Manuel Sánchez Gordillo se le critica muchas veces por llevar más de 30 años como alcalde, y hacer de la política una profesión. Esperanza cree que para Juan Manuel la política es su vida. "Es un servicio hacia los demás, a los más necesitados. Si le preguntaras a él, yo creo que te diría que mientras viva tiene que estar al lado de los más lo necesitan".
Agradecemos a Esperanza su tiempo y el habernos atendido en el Ayuntamiento, salimos del edificio y dando un paseo por la localidad advertimos que Marinaleda es un pueblo como otro cualquiera con sus calles vacías por el calor de la tarde y los carteles de "se vende" asomando en alguna reja. La gran diferencia en esta localidad reside en la gestión que se hace desde el Ayuntamiento de forma colectiva y asamblearia con la cooperativa y los servicios sociales. Nos despedimos de Marinaleda rumbo hacía la finca ocupada de Somonte en Palma del Río (Córdoba).

Mientras que en otros pueblos vemos una foto de la iglesia, en Marinaleda los protagonistas del cartel dando la bienvenida a la entrada del pueblo son sus habitantes con sus luchas y logros conseguidos estos últimos años.
 Avda. de la Libertad
Caseta de feria
 Local del Pueblo
El local de conciertos Palo Palo.
Marinaleda es un pueblo como otro cualquiera, la diferencia está en la gestión que se hace desde el Ayuntamiento.
En Marinaleda también hay casas con carteles de "Se vende" como en todos los pueblos.
Ayuntamiento de Marinaleda.
Macetero a la entrada del Ayuntamiento.
Viviendas construidas por los trabajadores.
Calle Utopía
Interior de la conservera de Marinaleda
la conservera se encontraba vacía antes de iniciar la temporada
El huerto del colegio.
La piscina municipal

Marinaleda recibe visitas no solo de medios españoles sino también desde otros países con bastante frecuencia.  The Guardian, Octubre 201:
"But in one village in Andalusia's wild heart, there lies stability and order. Like Asterix's village impossibly holding out against the Romans, in this tiny pueblo a great empire has met its match, in a ragtag army of boisterous upstarts yearning for liberty. The bout seems almost laughably unfair – Marinaleda's population is 2,700, Spain's is 47 million – and yet the empire has lost, time and time again.

In 1979, at the age of 30, Sánchez Gordillo became the first elected mayor of Marinaleda, a position he has held ever since – re-elected time after time with an overwhelming majority. However, holding official state-sanctioned positions of power was only a distraction from the serious business of la lucha – the struggle. In the intense heat of the summer of 1980, the village launched "a hunger strike against hunger" which brought them national and even global recognition. Everything they have done since that summer has increased the notoriety of Sánchez Gordillo and his village, and added to their admirers and enemies across Spain."
http://www.theguardian.com/world/2013/oct/20/marinaleda-spanish-communist-village-utopia
La iglesia
Complejo deportivo y pintadas
Finca El Humoso
campos cultivados
Entrada a la cooperativa en la Finca El Humoso
http://www.cooperativamarinaleda.es/ 
 Lata de champiñones de Humar Marinaleda y Pisto en tarro de cristal de Somonte. 

Entrevista y redacción: José Carlos Ordoñez y José Jurado
Fotografías: José Jurado