Ya os hemos hablado de las PAN SEN FRON - Pandeireteiras sen fronteiros (@pansenfron ) es
un coro o grupo de música tradicional gallega formado por 20 personas en
el año 2012 en A Coruña.
El propio nombre del coro ya nos explica esa vuelta de tuerca que le
están haciendo a la tradición desde la contemporaneidad. Ofrecen una
reinvención de la tradición más clásica con ese toque “rural
contemporánea” que tanto nos gusta.
y con ellas anda siempre Xurxo Fernandes (@xurxofernandes) , músico y etnomusicólogo gallego, que también participa en proyectos de música de tradición oral, muy recomendables de escuchar, como RadioCos
Bueno, pues os queremos presentar hoy su última producción LEVAINO, un clip con Kaito estudios , en el que hemos visto mucha autenticidad, contemporáneidad, y mucha actitud. Hemos relacionado el vídeo con José Val del Omar en esas iluminaciones parpadeantes sobre maniquíes y objetos, y con Zbigniew_Rybczyński en el ritmo y en los planos con Chroma.
Baiuca, un osado proyecto musical que pretende aunar sonidos propios de la tradición gallega con la electrónica. Hablar de Baiuca es hablar del alter ego tras el que trabaja el músico y productor Alejandro Guillán, cuyo trabajo de recuperación de la tradición sonora gallega y su mezcla con matices electrónicos le ha llevado a encumbrarse como uno de los referentes del género.
Inevitable acordarse de nombres como el de Nicola Cruz, Chancha Vía Circuito o el mismísimo Nicolas Jaar.
Etiquetas aparte, la música de Baiuca traspasa todo tipo de frontera estilística, donde la riqueza reside en el mestizaje, ejecutada de forma meticulosa y adentrándose en lo más profundo de sus raíces, el planteamiento se torna efectivo, que no efectista, generando una experiencia casi mántrica.
"Cuando yo lanzo las primeras canciones de Baiuca las publico con una máscara para que la crítica se centre en la música y no en la persona. También era una forma de protegerme. Si algo salía mal, nadie podría saber quién era el culpable. Yo al final le tengo mucho respeto a todas las personas del mundo del folk gallego. Se han hecho cosas muy importantes que lo han revitalizado. Al final, la gente con la que pude hablar entienden que es un proyecto que ayuda a dar una nueva vida a la música tradicional. Yo parto desde el respeto con la idea de hacer que gente de 18 años tome contacto con la música tradicional. Y está pasando que chavales de esa edad me dicen que les parece la hostia lo que estoy haciendo o que nunca tuvieron ese punto de conexión con su tierra como ahora. Es abrir un mundo nuevo."
Rodrigo Cuevas (1985) vive en Vegarrionda, un pequeño pueblo asturiano de 15 habitantes que pocos sabrían situar en el mapa. Acabó seducido por el mundo rural después pasar 13 años estudiando piano y tuba en el conservatorio de Oviedo y Barcelona. Descubrió que su motivación no estaba en las grandes urbes, sino allí donde residía el folclore de nuestro pasado para, a su vez, conectar con el presente.
Y ese es precisamente el objetivo de Manual de cortejo, un disco producido por Raül Refree donde revisa la música tradicional y la adereza con ritmos electrónicos contemporáneos. A lo largo de sus quince canciones hay bailes asturianos como el xiringüelu o danzas gallegas como la muñeira, pero también historias que hablan de otros tiempos de los que quizá no hemos aprendido lo suficiente.
Cuevas es cantante y compositor, pero también un provocador con coartada queer que aprovecha el humor para hacer llegar un mensaje que, en el fondo, tiene mucho de serio: la reivindicación de la cultura local. Nos descuelga el teléfono en su pueblo, pero unos problemas iniciales de cobertura impiden la conversación. 30 minutos después, ya en mejores condiciones, comienza la entrevista.
¿Qué rituales de cortejo antiguo cree que hay que recuperar urgentemente?
La ronda, el baile, la caidita de ojos y los piececitos debajo de la mesa.
Una canción que use para enamorar.
Una que dice (canta): Serranita mía, siéntate a mi vera, porque a mi lado respiras, que tengo la piel morena. Y eres el sol de Navarra y la luna de Aragón y eres el carro triunfante que arrastra mi corazón.
¿A qué político rondaría?
A ninguno. Soy de una clase social y tengo mucha conciencia de clase, no necesito mezclarme con otras que no hacen más que explotar a la mía.
¿Cuál es la prenda más sexy del traje tradicional asturiano?
El pañuelo de la cabeza y toda la ropa interior.
Le llaman el Freddy Mercury del folclore asturiano, pero ¿qué tiene realmente en común con él?
(Se mira en el espejo mientras responde). El bigote y la pelambrera del pecho, nada más.
Tino Casal resucita y lo tiene que llevar de copas, ¿a dónde lo llevaría?
Me lo llevaría por la calle Gascona, en Oviedo, a tomar sidra.
En sus videoclips aparecen lugares de Asturias y gente local, ¿por qué?
Primero, porque no tengo tanto dinero (ríe). Segundo, va en el espíritu de lo que hago, de lo popular, de la comunidad, de la colaboración y de lo humano.
¿Qué géneros quedan por (y le gustaría) reinterpretar?
A mí me encantaría cantar verdiales de los montes de Málaga, pero hay que nacer allí, son muy difíciles.
Cuando la muerte acecha, cuando se puede sentir el frío aliento del fín en la nuca; el ser humano es capaz de llegar analizar lo esencial, desechar lo banal, encontrar la pureza, despreciar el odio y abrazar las cosas de nuevo, como si uno volviese a nacer.
En el mundo antiguo, el de nuestros abuelos, y en el de los abuelos de éstos; la muerte era algo presente, de lo que se hablaba claramente, cara a cara. Porque es verdad, porque es necesaria y porque es tremenda, y sabían que la única forma de que la muerte no fuese olvido era hablando, contando.
Contémonos lo que nos asusta, lo que nos queremos, juntémonos y contémonos cosas, porque ni las cosas ni las personas se acaban con su muerte: nada más se acaba lo que no se cuenta.
"Muerte en Motilleja" Música original del pueblo de Motilleja, contada por la Ronda de Motilleja. Adaptación: Rodrigo Cuevas y Raül Refree.
Lorena Álvarez recupera formas tradicionales de la música popular española y la actualiza -la reinterpreta-. Tras la publicación de “La cinta” (Sones, 2011), su primer LP “Anónimo” (Sones 2012), y el EP Dinamita (Producciones Doradas, 2014), ha conseguido traspasar los límites habituales de este ámbito musical y situarlo en un nuevo contexto, en el que la contemporaneidad y la tradición pueden ir de la mano sin complejos.
“Lorena Álvarez, un prodigio poco común que hurga en la tradición de su entorno para amasar píldoras musicales (y literarias) que parecen formar parte de nuestras vidas desde tiempos inmemoriales” Rockdelux (sigue leyendo)
Sus canciones mezclan sonidos tradicionales con estructuras sencillas más cercanas al pop contemporáneo. En ellas nos cuenta historias comunes, hechos que de una u otra forma podríamos haber protagonizado en su lugar. Sus historias son las de todos, y es por ello que sus discos y conciertos atrapan, divierten y conmueven tanto a jóvenes como a mayores, que ven en su música un guiño sincero a lo que todos pudimos haber vivido.
Los conciertos de Lorena Álvarez son una arrebatadora y sorprendente mezcla de espontaneidad, fresco y carácter. Su capacidad de emocionar y compartir con el público es singular. Y lo consigue cantando con la boca abierta y sin miedo, acompañándose de una guitarra antigua que rasga con fuerza y desparpajo. Al final, Lorena consigue hacer de cada concierto una gran fiesta en la que se baila, se canta y se grita también fuera del escenario.
La compositora asturiana ha actuado ante miles de personas en festivales como el Primavera Sound (Barcelona), el Monkey Week (en Puerto de Santa María) o el Clandestino Festival en Göteborg (Suecia).
También ha llenado teatros emblemáticos como el Teatro Lara de Madrid o el Teatro Filarmónica de Oviedo, el Teatro Zitarrosa de Montevideo (Uruguay) o salas históricas como La Sala Apolo de Barcelona o la Sala Galileo Galilei de Madrid y ha teloneado a artistas como Julieta Venegas (quien se ha declarado en numerosas ocasiones admiradora de Lorena) o Nacho Vegas (con quien ha compartido escenario en más de una ocasión)
“Lorena se ganó al personal con sus canciones populares tocadas con botella de anís y castañuelas. Sus canciones tienen ese don consistente en hacer bailar y tararear tanto a un moderno de libro como a una madre de barrio. Sus conciertos son una mezcla de desparpajo y sentimiento de música popular e historias de toda la vida, con humor y lágrimas, desesperanzas y fiesta.” El País (sigue leyendo).