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4 mar 2017

Antonio Ballester Moreno "¡Vivan los campos libres de España!" en La Casa Encendida, Madrid.


La exposición ¡Vivan los campos libres de España! de Antonio Ballester Moreno, comisariada por Tania Pardo, es una invitación a la contemplación a través de una treintena de enormes lienzos y dos instalaciones donde el artista retoma gran parte de su imaginería basada en la geometría, la cultura popular y la naturaleza.


El título de la muestra ¡Vivan los campos libres de España! es una frase del escultor Alberto Sánchez que surge en una de las excursiones junto al pintor Benjamín Palencia por los alrededores de Madrid y que se recoge en el libro Palabras de un escultor escrito por él mismo en conversaciones con Luis Lacasa. La idea de la contraposición entre la modernidad y lo rural de aquella España de finales de los años veinte y principios de los treinta, sirve ahora para mostrar los efectos gráficos que producen los patrones naturales, los ciclos y las estaciones en nuestra psicología. Destacando siempre lo más esencial, el lenguaje reducido y formal de Antonio Ballester Moreno (Madrid, 1977) se basa en la abstracción que recrean símbolos a partir de formas geométricas básicas. Lunas, soles, lluvia o estrellas para representar un ciclo vital que recuerda, en sus trazos, a algunos artistas de las primeras vanguardias, en concreto a Paul Klee, Joan Miró o Josef Albers.

Esta muestra, concebida como una gran instalación, representa un periodo de la naturaleza a través del otoño, la lluvia, el sol y la luna. Elementos que remiten a las formas básicas geométricas y, a su vez, al contexto en el que surgieron las primeras vanguardias artísticas y sus antecedentes cronológicos como el primitivismo, la infancia, la geometría, el arte concreto, la abstracción, la figuración o el realismo.

Las obras de Antonio Ballester, uno de los nombres más destacados de la pintura actual en España, remiten a un mundo de colores primarios, de formas infantiles donde los materiales como el yute sin tratar o el barro reproducen una obra de singular belleza, formas austeras que representan astros y estrellas sobre campos de color. En su práctica artística confluyen diversos temas como el de la educación y el aprendizaje con los que consigue generar un mundo simbólico donde todo está en conexión.

En los últimos años el lenguaje formal de este artista ha ido depurándose hacia la simplificación de formas y colores que remiten a lo más básico, a los orígenes. El resultado es una cuidada selección de obras que conforman un hermoso paisaje natural y evidencian el personal estilo del artista, que remite a lo básico y lo vernáculo.

Con motivo de la muestra La Casa Encendida ha editado una publicación que recoge, además de una veintena de collages, textos del escultor, escritor y académico Juan Bordes, del comisario e investigador Ulrich Schötker, del profesor e historiador Rafael Sánchez-Mateos y de la comisaria Tania Pardo.

Paralelamente a la exposición se llevarán a cabo distintas actividades vinculadas a la muestra, entre ellas el taller Aisthesis radical y atención profunda impartido por el artista en colaboración con Rafael Sánchez-Mateos.

En La Casa Encendida, Madrid. Hasta el 23 de abril.
Visitas guiadas gratuitas Sábados y domingos, de 12.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00 h.




Más info: 
http://www.lacasaencendida.es/exposiciones/vivan-campos-libres-espana-antonio-ballester-moreno-6896

 Detalle de la obra "Árbol" 2016.
 Detalle de la obra "Lluvia", 2016.
Detalle de la obra "Sol", 2016.

22 oct 2013

Antonio Ballester Moreno

 All seasons, 2011.
 The Bathers, 2011.
 Trees, 2012.
 Mountains, 2012.
 Autoretrato, 1985.
 Paisaje con naranjo, 1985.
El trabajo de Antonio Ballester llevamos mucho tiempo siguiéndolo, desde antes de que participase en Campo Adentro con su estancia junto a los artesanos de la isla de La Gomera en Canarias.

Huerto, 2009.


Entrevista a Antonio Ballester en "Oral Memories": http://oralmemories.com/antonio-ballester-m/ 


Antonio Ballester Moreno fotografiado en La Vera (Cáceres). 


Texto de la nota de prensa con motivo de la exposición "Cobre, cobalto y plomo" en Maisterravalbuena el pasado verano:

Cobre, cobalto y plomo son metales que en forma de óxidos se utilizan en el trabajo de la cerámica; el cobre deviene color verde, el cobalto azul, y el plomo le otorga ese acabado cristalino y transparente a la pieza tras su cocción. Son metales, como tantos otros, fundamentales en el desarrollo del progreso tecnológico. Esta exposición nombra ya al comienzo, una materia, pero también nombra una posición ante ella. Esta exposición nos invita a considerar el modo en el cual la humanidad se pone en relación con el mundo que la rodea y la contiene, y en virtud de qué inicia procesos de transformación con él, contra él o a pesar de él. Sería una propuesta sencilla, pero doblemente articulada; por un lado en el trabajo de cerámica artesanal que Antonio Ballester muestra por primera vez, y por otro en el trabajo pictórico, de impulso decididamente transformado en lo que se refiere a la trayectoria y al estilo del artista.

El nombre de la exposición, su literalidad, da cuenta también de un proceso de reducción o simplificación que Antonio Ballester desarrolla en distintos planos: una simpatía por la artesanía y sus modos de hacer, antes que por el Arte y sus sistemas de producción; una depuración formal, incluso reducción, de los elementos, tema o idea, a su claridad expositiva o si mera densidad geométrica; y un desarrollo elemental en el color. Esta simplificación, otorga a la obra, una claridad semántica ciertamente fértil para que el pensamiento pueda tomar algo de vuelo; así, de la tierra, del barro, o el árbol que brota, uno puede alcanzar a ver un conjunto de montañas, un cielo que se abre, y un pájaro que va y viene, él que ve desde su origen ambas cosas, medio vivo y medio muerto como si fuera el alma de un etrusco. Vuelo del pájaro, advierte Rilke, turbado ante lo abierto, pues él que vino de lo cerrado, también tiene que volar.

Lo que la cerámica –y la artesanía en general– nos muestra es que existe en el arte un tiempo y un trabajo en que la humanidad se sueña así misma de otra manera, se sueña para sí un tiempo en que el mundo es otro mundo. La artesanía muestra que las propiedades del cobre y el plomo –pero también las de cualquier otra “materia prima”– no son sólo el pretexto material que alimenta el gran sueño del progreso, que si bien trajo algunas anodinas comodidades modernas, trajo muchas más miserias, y más trágicas también. Que al fin y al cabo plomo y cobre podrían, como cualquier otra forma natural, quizá ponerse al servicio de una humanidad mejor, de una vivencia del mundo mejor, que no ignore por más tiempo que no se dispone de la tierra sin disponer también de nosotros mismos. ¿Cómo vivimos y cómo podríamos vivir? es tal y como se formula la pregunta William Morris en el siglo XIX y se responde: socialismo revolucionario, pero también lo hace invitando a restituir una belleza que es sólo fruto de un trabajo humano material, concreto, apasionado, con potencia de volverse colectivo.

La artesanía no propone hoy el tranquilizador paraíso primitivo, sino que insiste en la crítica de cada gesto que pueda volverse condescendiente con la razón técnica e instrumental que, en alianza con el capitalismo pero también con la fe de muchos otros en el progreso, parece haber declarado la guerra a toda vida que se presuma libre e igualitaria. Si hoy un artista vuelve a hacer y vuelve a decir ¡artesanía!, se está interrogando y nos está interrogando acerca de la inclinación e impulso humano por realizar bien una tarea. Es la cualidad primera que advierte Sennett en su libro sobre la figura del artesano; la voluntad de hacer bien, un trabajo, sin más. Hay una sensibilidad artística dispuesta sobre el objeto artesano que lo circunscribe en la esfera de lo cotidiano -de la experiencia compartida por todos, común- y al mismo tiempo lo desplaza al ámbito de lo extraordinario. Una segunda cualidad, verdaderamente cualitativa: el artesano por necesidad mantiene un diálogo continuo entre las prácticas concretas y el pensamiento. La noche del artesano sería entonces, quizá también, la noche del poeta en la cual la mano sueña la idea, y la idea sueña la mano, sin divorcio posible. Cuando sucede lo contrario, siempre cabe sospechar de toda comunicación, cabe sospechar de toda expresión, pero es difícil sospechar de un silla de anea, o de un jersey de invierno, o de una jarra de barro. A través de la práctica se adquiere un compromiso y el compromiso sólo es asumible con la práctica. Condición ética del artesano, condición de la humanidad entera, pero condición menor: la discreta aspiración a que no haya en nuestras casas –ni en nuestras vidas, añadiríamos nosotros a la cita de Wilde– nada que no entrañe un goce para el hombre que lo ha hecho y para el hombre que lo emplea.

Las obras de Antonio Ballester dan cuenta de una belleza singular. Fresca, infantil, sensual, manchada de barro o empastada de color. Rotunda y masiva también en esta ocasión, pero se diría que se trata de una belleza cada vez más reflexiva, nada melancólica. Noble. Una niñez cada vez más seriamente niña. El marco de las imágenes, se sabe ya un trabajo de ensamblaje, de construcción. Una belleza muy atenta a la imagen que tiene lugar y que asume la mirada como un trabajo en sí mismo: imágenes que territorializan hacia arriba y hacia abajo, antigua y secreta alianza de lo horizontal. Formas que dan cuenta de que el mundo existe y que se vuelve fundamental cuidar el modo en que lo miramos, porque así vendrá para nosotros luego. Belleza exuberante, de formas austeras; pájaros, árboles, reunión de cumbres que anuncian primaveras. Imágenes que propaga Antonio Ballester, como invitación desafiante a la experiencia en nuestro tiempo de lo que se muestra indiferente a nosotros, pero siempre en posible alianza; naturaleza que vendría, por fin, a callarnos.

Rafael Sánchez-Mateos Paniagua – Madrid – Mayo 2013

22 ago 2013

El expolio de las pinturas murales de la ermita mozárabe de San Baudelio (Casillas de Berlanga, Soria)


Cuando a comienzos de junio de 2012 se descubrió la existencia de un claustro románico —una auténtica joya según los especialistas— en el interior de una finca privada en Palamós (Girona), el espinoso tema del expolio de nuestro patrimonio volvió a estar de actualidad.
Entre la larga lista de obras de arte expoliadas para satisfacer el afán acaparador de ciertos adinerados coleccionistas destaca especialmente el de las bellas pinturas románicas de una recóndita ermita soriana, arrancadas de su ubicación y dispersas por medio mundo desde hace casi noventa años.
Prácticamente desconocida para los historiadores hasta comienzos del siglo pasado, la ermita de San Baudelio de Berlanga (Soria) constituye uno de los ejemplos más singulares de la arquitectura mozárabe.
Sin embargo, a finales del siglo XIX la ermita de San Baudelio languidecía semiabandonada, y tanto el edificio como las pinturas que contenía permanecían injustamente olvidados.
Fue don Elías Romero, un párroco de la comarca, quien en 1884 envió una carta a las autoridades de Patrimonio solicitando que el recinto fuese declarado Monumento Histórico Nacional, lo que no sucedió hasta 1915.
La catalogación del edificio como Monumento Histórico logró que los estudiosos comenzaran a mostrar interés por la ermita soriana. Por desgracia, el interés por San Baudelio de Berlanga no solo atrajo las miradas de los historiadores, sino también las de otros individuos cuyos intereses eran más crematísticos que científicos.
Fue así como, en verano de 1922, apareció por la zona un anticuario de origen italiano afincado en Barcelona, León Leví, quien actuando en nombre de un coleccionista americano llamado Gabriel Dereppe, manifestó un enorme interés por las pinturas que entonces decoraban el templo.
En un primer lugar, Leví y Dereppe se pusieron en contacto con Mateo Múgica Urrestarazu, obispo de Osma en aquella época, explicándole su interés por las pinturas.
De allí fueron dirigidos al obispado de Sigüenza, diócesis a la que pertenecía el recinto sagrado, y allí el coleccionista americano aseguró al obispo, mintiendo sin pudor, que pretendía sufragar los gastos de restauración de las desgastadas pinturas del edificio.
El obispo debió sospechar de las filantrópicas intenciones del norteamericano, y le informó de que, en realidad, la pequeña ermita no era propiedad de la Iglesia, sino de varios vecinos de la cercana localidad de Casillas de Berlanga.
Una vez localizados los propietarios, Leví y Dereppe declararon abiertamente sus intenciones, llegando rápidamente a un acuerdo de compra en el que, mediante el pago de 65.000 pesetas de la época, obtenían el derecho a llevarse las valiosas pinturas.
Una vez cerrado el trato, Leví se apresuró a realizar la extracción de los murales pero, cuando solo había extraído una parte, las autoridades tuvieron conocimiento de los hechos y enviaron a la Guardia Civil para que interrumpiera los trabajos y confiscara las pinturas ya arrancadas.
Se inició entonces un proceso judicial que se alargaría durante varios años y en el que fueron procesados tanto compradores como vendedores.
En un primer momento, en enero de 1924, todo parecía indicar que prevalecería el sentido común, pues se dictó una Real Orden que obligaba a Leví y a Dereppe a la restitución de las pinturas a su lugar de origen.
Por desgracia, los compradores y los propietarios interpusieron un recurso que se saldó a su favor, pues, aunque una nueva Real Orden obligaba a reponer las pinturas, el Tribunal Supremo revocó parte de esta disposición, reconociendo la propiedad del edificio a los vecinos de Casillas y permitiendo su venta.
Apenas unos meses después, un equipo de especialistas italianos viajó hasta Soria y procedió a arrancar el resto de las pinturas mediante la técnica del 'strappo'. Poco después, un total de veintitrés lienzos partieron rumbo a los Estados Unidos.
Una vez en suelo americano, Dereppe se encargó de su venta a distintos museos, ubicados en Indianápolis, Cincinnati, Boston y Nueva York. Por supuesto, aquella transacción le supuso unos beneficios mucho más jugosos que las 65.000 pesetas entregadas a los vecinos de Casillas.
Mientras, en los muros de la ermita apenas se podían percibir los restos, casi fantasmales, de lo que un día habían sido uno de los conjuntos pictóricos más importantes del románico español.
Finalmente, y como epílogo de esta triste historia, algunas de las pinturas custodiadas en el Museo Metropolitano de Nueva York regresaron a España en 1957, después de que se negociara un intercambio mediante el cual el museo neoyorquino recibía el ábside de una iglesia románica de Fuentidueña (Segovia).
A cambio, parte de las pinturas sorianas descansan hoy en una de las estancias del Museo del Prado, a apenas 200 kilómetros del lugar que les vio nacer.
El rocambolesco periplo de esta joya de la pintura medieval, que algunos estudiosos han calificado como la "Capilla Sixtina del arte mozárabe", ha pasado a la historia como uno de los capítulos más negros de la historia patrimonial de España.

Extraído de "San Baudelio de Berlanga: crónica de un expolio" por Javier García Blanco (Arte secreto, 13/07/2012. 

Fuentes y enlaces interesantes sobre San Baudelio:
http://www.luzrasante.com/las-pinturas-de-san-baudelio-i-el-expolio/
http://www.arteguias.com/ermita/sanbaudeliodeberlanga.htm
Completo enlace con las pinturas de San Baudelio e información detallada: http://viajarconelarte.blogspot.com.es/2013/07/las-pinturas-de-san-baudelio-de.html
Infografía de cómo sería San Baudelio vista desde elpresbiterio.
La Asociación de Amigos del Castillo de Berlanga centra sus actividades en la revalorización del espectacular patrimonio de este pueblo y alrededores, y también informa de los avances de un futuro centro de interpretación sobre las pinturas de San Baudelio en su web: http://castillodeberlanga.blogspot.de/search/label/San%20Baudelio 

Gracias a Daniel Cacho Barrios por la información facilitada para la elaboración y composición de gran parte de la información aquí mostrada sobre San Baudelio.

29 abr 2013

Ferdinand Hodler

Ferdinand Hodler (Gurzelen, cerca de Berna, 14 de marzo de 1853 – Ginebra, 19 de mayo de 1918) fue uno de los más destacados pintores suizos del siglo XIX.
Hodler nació en Berna pero se trasladó a Ginebra a los 18 años de edad para comenzar su carrera como pintor. Sus primeras obras fueron paisajes, composiciones figurativas y retratos, tratados con un vigoroso realismo.
En la última década del siglo XIX su obra evolucionó para combinar influencias de diversos géneros, entre ellos el simbolismo y el art nouveau. Desarrolló un estilo que él llamaba «Paralelismo», caracterizado por agrupaciones de figuras simétricamente colocadas en poses que sugerían un ritual o una danza.
La obra de Hodler en su fase final adoptó un aspecto expresionista con figuras fuertemente coloreadas y geométricas. Los paisajes quedaron reducidos a lo esencial, a veces consistiendo en una franja de tierra entre el cielo y el agua. No obstante, las pinturas más famosas de Hodler representan escenas en las que los caracteres están implicados en actividades cotidianas, como el famoso leñador (Der Holzfäller, Museo de Orsay, París). Este cuadro acabó apareciendo en el dorso del billete de 50 francos suizos emitido por el Banco Nacional de Suiza.
En 1889, Hodler se casó con Berthe Jacques. En 1914 condenó las atrocidades alemanas que usaron artillería en Reims. Como represalia, los museos de arte alemanes excluyeron la obra de Hodler.
Su amante, Valentine Godé-Darel, fue diagnosticada de cáncer en 1914, y Hodler pasó muchas horas junto a ella, resultado de las cuales fueron una notable serie de pinturas que documentaban su desintegración. Ella murió en 1915, lo que afectó muchísimo a Hodler y murió el 19 de mayo de 1918 en Ginebra, dejando tras de sí una serie de obras inacabadas que retrataban la ciudad. Más info en español en las webs: 






13 ago 2012

Keith Vaughan

John Keith Vaughan (23 Agosto 1912 – 4 Noviembre 1977) 
Este año se celebra el centenario de este pintor británico de posguerra que diagnosticado de cáncer se suicidó en el año 1977 dejando una obra pictórica salpicada de miradas hacia el entorno rural, poco o nada conocida en España. 
Durante la guerra Vaughan trabó amistad con pintores como Graham Sutherland y John Minton, con quiénes después de la desmovilización en 1946 compartía estudio. A través de estos contactos, formó parte del círculo neo-romántico de la inmediata posguerra británica. Sin embargo, Vaughan desarrolló rápidamente un estilo peculiar que lo alejó de los neo-románticos. La concentración en sus estudios de figuras masculinas, y sus obras que se hicieron cada vez más abstractas con el tiempo fueron algunas de sus señas de identidad.
Vaughan trabajó como profesor de arte en la Camberwell College of Arts, the Central School of Art y luego en la Slade School.
Vaughan también es conocida por sus diarios, selecciones de algunos fueron publicados en 1966 y más ampliamente en 1989, después de su muerte. Fue un hombre gay preocupado por su sexualidad, mucho de lo que se sabe sobre él es a través de los diarios. Se le diagnosticó un cáncer en 1975 y se suicidó en 1977 en Londres, escribiendo sus últimos momentos en su diario mientras la sobredosis de drogas hacía su efecto.